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 Será porque los niños estrenan ropa el Domingo de Ramos, o porque el mismo Dios quiso tenerlo con ellos antes del dolor y de la muerte, lo cierto es que los niños trajeron ayer la primavera a Zamora. Y la bonanza del tiempo favoreció una numerosa presencia de niños en el desfile –algunos, tan pequeños, que iban en brazos o dormidos en sus carricoches-, así como de zamoranos que se hicieron niños de nuevo en las aceras, al paso de la procesión en la que ellos mismos se estrenaron a la vida cofrade.
 Tras la bendición de las palmas por el capellán de la cofradía, Jesús Campos, en las puertas del Museo, la comitiva se ponía en marcha por la calle Barandales, donde se escucharon por vez primera en esta Pasión de 2010 los sonidos de la Banda de Cornetas y Tambores ‘Ciudad de Zamora’, distinguida con el Barandales de Honor. Sonidos que mezclaban el orgullo y el recuerdo, la emoción de todos sus componentes en su primera procesión sin Carri, ‘el patillas’, al frente. Les espera una Semana Santa dura, pero repleta también del cariño y el apoyo de los zamoranos, que ha sido incesante en los últimos meses.
 Las esquilas del Barandales anunciaban que Zamora vive ya sus procesiones. Cofrades ataviados con la túnica de raso blanca, con capa, caperuz y fajín rosa fucsia, acompañaban a los niños, armados únicamente de sus palmas doradas, con las calles engalanadas por la emoción y el bullicio de los pequeños en su primera procesión y del orgullo de sus padres haciendo escuela, sacando a sus hijos junto a ‘la Borrica’, como antes hicieron sus padres con ellos, continuando el eslabón de la cadena que nos ata sin dolor por siempre a la tierra. Como siempre ha sido, como siempre será. Detrás del paso, la Banda de Zamora, dirigida por José Ignacio Petit, con más de cien músicos (algunos también niños, que cambiaron sus palmas por un instrumento para recibir de igual forma a Jesús en la ciudad), interpretó las primeras marchas procesionales que resuenan este año en Zamora, ya preparada para acoger los días del dolor de Cristo en su Pasión y Muerte y la alegría de la Resurrección, que se cumplirá en siete días.
Ana Pedrero Rojo / Fotos: Álvaro J. García 
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