Por dos veces Pasión
Dos años pueden ser nada, o todo. Y es que nos pasamos un año entero esperando que el tiempo acompañe para poder disfrutar en los desfiles procesionales, y esperamos durante años que nos toque el turno de formar parte de esta cofradía o de aquella hermandad.
por Rodrigo Fernández*

Dos años pueden ser nada, o todo. Y es que nos pasamos un año entero esperando que el tiempo acompañe para poder disfrutar en los desfiles procesionales, y esperamos durante años que nos toque el turno de formar parte de esta cofradía o de aquella hermandad. Poco más de una semana es el tiempo que ha transcurrido desde que Zamora Cofrade vio la luz por primera vez. En nuestra andadura, comenzamos con unas pocas palabras que nos servirían como declaración de intenciones. Es entonces cuando hablamos de un equipo joven, de coincidencias, de ilusión, ilusión latente en estos momentos, dando sus primeros pasos. Pero ante todo, Zamora Cofrade nace con un gran objetivo: ser el punto de encuentro de los semanasanteros. Lograr una publicación por y para ellos.

En estos cortos pero intensos dos años, la Pasión de Zamora lo ha conseguido. Ha sabido hacer el camino al andar y que cada mañana cientos de zamoranos de aquí y de allí tecleen lapasiondezamora.com nada más encender el ordenador, porque gracias a las noticias, entrevistas, reportajes y a los servicios de valor añadido, la curiosidad de quien compra un diario todas las mañanas se mantiene latente en la web.

Y es que cada día, más cofrades pasan a formar parte de esta ya hoy gran familia, con sus opiniones, con sus comentarios, fotografías...



Dos traslados, de ver al mozo pasar el Puente de Piedra, dos Viernes de Dolores, de incienso y tañido de campanil, de estameña y cogulla monacal. Dos Sábados de Dolores, de blanco y puro, de luz y vida. Dos años de entrada triunfal, de raso fucsia y niños con palmas, de cornetas y tambores que avisan, que nos recuerdan a nuestros años niños, a los años que impacientes esperábamos en las aceras y en los que nos daba un vuelco el corazón con el primer redoble de tambor que escuchábamos. Dos ocasiones en las que la Madre se despide del Hijo, que lo ve caer por tercera vez, amargura de la tarde noche del Lunes Santo. Por dos veces las teas que iluminan Balborraz, el gregoriano que envuelve Santa Lucía y el Padre, con rostro dulce, nos encoge el corazón. Y dos son las veces que los pelos como escarpias se nos ponen a los primeros sones de Nazareno de San Frontis, y detrás, su Madre. Esperanza preciosa que anda como una zamorana más entre la gente que la arropa por la rúa. Y por dos veces, el Cristo de la Expiación, pana verde de reivindicación, palabras que nos recuerdan como Jesús se redimió por nosotros, por todos, por todas.

Y por dos veces silencio, silencio e incienso, silencio bajo juramento ante el Señor de Zamora. Dos tardes de Miércoles Santo, punto de inflexión en nuestra Semana Santa. Y por dos veces, la Madre cruza de nuevo el punte, pasa el Duero, con esperanza. Mañana de contrastes, de rasos verdes y blancos, de negro luto, de mantilla y peineta. Y dos tardes terciopelo morado, y la cruz, la cena, dos veces Judas que besa al maestro, dos veces lo prenden, lo sentencian. Ya, con el sol recogido y ante la oscuridad de la noche, de nuevo el padre, yacente, muriendo por nosotros, y lo recordamos a nuestra manera, pidiendo misericordia, mi bien, mi dios, mi amor.



Cinco de la madrugada, dos ocasiones escuchando el aviso de la corneta y el tambor destemplado, dos veces el Merlú. Dos veces Congregación. Y es entonces cuando Zamora entera se viste de luto, Viernes Santo, en la mañana. Jesús es conducido al calvario y detrás las Marías, y la Verónica con cara desangelada de ver el rostro del padre. Y dos veces el drama. Despojado de sus vestiduras, crucificado y elevado en la cruz. Y la madre detrás, con el rostro sereno, resignada. En la tarde Cristo es enterrado, con todos los honores en Zamora, en su sepulcro. La tarde del viernes santo se viste de gala para acompañar al cortejo fúnebre. De manera solemne el padre es sepultado.

Y por dos veces con la mano en alto, Nuestra Madre nos arrebata una lágrima que resbala por la mejilla de más de uno, de más de una. Y es que detrás del todavía Crucificado Hijo, su Madre, lo sostiene en su regazo, y lo mira, no encuentra explicación.

Y de nuevo por dos veces ella, de la manera más sencilla, regresa entre todas las mujeres, ellas la arropan ante tanto desconsuelo. Dos veces Sábado Santo. Dos veces Soledad.
Y en dos ocasiones acompañamos, unos, a la Madre todavía de luto, otros al Hijo. Unos, con las cornetas y tambores que avisan, con dolor de una madre. Otros, al compás de la flauta y del tamboril anunciando que resucitó. ¡Aleluya! Y por dos veces salvas, por dos veces resurrección.

Dos Semanas Santas apasionadas, intensas, como sólo nosotros las vivimos. Entra el zorro en Santa Maria de la Horta y miramos atrás, recordamos los días pasados y empezamos, de nuevo, la cuenta atrás. Pero entre una y otra, ¿qué nos queda? Nos queda el punto de encuentro, nos queda vivir la Semana Santa todo el año. Gracias Javi, nos queda www.lapasiondezamora.com.

* editor de la Revista "Zamora Cofrade"



¿sabías que...

En 1944 el temporal obligó a suspender el Santo Entierro y para trasladar a la Catedral el Cristo de las Injurias se organizó una procesión de penitencia el viernes siguiente, la lluvió lo impidió de nuevo y se tuvo que hacer el viernes posterior.




2º puesto en los Premios Internet 2006 de la Junta de Castilla y León (Modalidad Iniciativa)





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Javier García Martín