¿Qué son dos años?
¿Qué es esto a lo que llamamos La Pasión de Zamora? ¿Qué significa para que una centena de personas, más los muchos visitantes que entran, hayan mantenido a La Pasión como un referente de la Semana Santa de Zamora?
por Alberto García*

¿Qué es esto a lo que llamamos La Pasión de Zamora? ¿Qué significa para que tres centenas de personas, más los muchos visitantes que entran, hayan mantenido a La Pasión como un referente de la Semana Santa de Zamora? La clave, está en dos años cofrades, en dos años de Pasión, de Semana Santa, de Cruz, de terciopelo, de faroles y de música.

¿Qué son dos años de Semana Santa? Son dos Cuaresmas, llenas de ilusión y espera; son dos Viernes Santo, de luto y solemnidad, son dos Domingos de Ramos, de Resurrección, de alegría contenida y varas floridas, son dos… ¿qué decir? Es respirar profundo para creérselo, alargar la mano para tocar un sueño que se va y se nos deshace entre las manos… Es mirar varias veces hacia San Frontis, y ver al Nazareno andar poquito a poquito hacia la ciudad, dejando sus huertos atrás. Son dos, son varias las subidas al Calvario en un Miércoles Santo, donde el verbo calla, la vida muere y el inocente paga por nuestros pecados. Es subir, en repetidas ocasiones, a esa cruz de plata y una mujer nazarena sentada, que parece una reina y es una madre, elevando su mano para pedir, para amar, para dar la última caricia que no pudo dar al hijo que muerto está entre sus brazos. Dos veces ocurrió, y cientos se repitieron, con la firme esperanza que muchas más ocurrirán. ¿Esperanza? Esperanza de cielo estrellado, de lágrimas de río, de puente, de peineta y mantilla, de dulces resplandores de agua, de pena dominica y dueña de cielos y tierra.



¿Qué son dos años de pasión, de calvario, de pérdida, de cruz y de lágrimas? Es la encarnación del dolor y de la amargura, pero también del triunfo y de la victoria. ¿Amargura? Amargura lenta que alza la mano para pedir lo que le quitaron, pero no grita, no exige…. Ella es la esclava, ella ruega y asiente, aunque sea entre lágrimas, siempre arropada entre encajes de amor. Por eso, ha dejado una mano como mirando a la tierra, porque sabe, porque intuye, que su hijo Caído la necesita, y en esa imagen maternal, todos en ella, todos con ella, ¡cirinea del amor! ¿Dolor? Dolor de madre, dolor de jueves, de dos tardes sacramentales, de olivos y trigales, de traición, azotes y desconsuelo, de palomas heridas al vuelo, de historia, de piedra… en fin, Madre Dolorosa del Calvario, de manos alzadas suplicantes al cielo, dos veces te vimos, dos veces te amamos.

¿Qué son dos años para un cofrade? Es un “bis” perfecto, igual, eterno, en el que nada falta. Es ponerse una y otra vez el mismo caperuz de la vida, para morir y revivir en esa cruz que vivifica, en el cual los tiempos antiguos renacen en nosotros, y que hace patente el Espíritu de un Dios de arrabal y abadía. Es volver a elevar sobre nuestros hombros a ese cristo inclinado, suspendido en el aire, agarrado al mundo por una soga y unos hombres, que más que ojos, les falta corazón. Es llevar al cielo a esa virgen triste y enlutada, tan sola, tan llorosa, y hacerla andar sin estridencias ni bailes, para que siga con su eterna melodía, tan zamorana, tan madre, tan humana, guardando entre sus manos, el secreto de un amor, ¡blancas palomas de fino marfil! ¡Qué bien te cantó el poeta!

Es una y otra vez cubrir nuestras cabezas con esas capuchas hiladas por manos vírgenes, en las cuales la luz y la vida nos amparan, y nos acercan a una muerte, que por ser, no deja de ser buena y expiatoria. Y cuando no nos demos cuenta, ya habrá vuelto ese Cristo que camina a la altura del corazón, para tocarlos con esos dedos dulcemente extendidos, dulcemente contraídos, para que veamos su dolor, y en él, su sacrifico. Un amigo lo abandonó, y con sus labios secos, año tras año nos pregunta, ¿y vosotros? ¿También queréis iros?



¿Cuánto son dos años para un apasionado? ¿Dos ilusiones? ¿Dos esperas? Y al final, la gloria, el silencio bajo el caperuz, bajo la mantilla, la dulce marcha de la Banda, a un mismo ritmo, a un mismo sentir.

¿Qué son dos años de escribir sobre Semana Santa, de participar y debatir? Es mostrar tu corazón, tus vivencias, tus amores, en un acto de generosidad y entrega, sabiendo que lo que das, lo recibes. Es sentarse a la vera de la Cruz del Buen Pastor, para llorar y ser consolado, y después, como impulsados por ese Jesús Doliente, proclamarlo con mil palabras. Es compartir con otros, que llevando tu mismo caperuz, o diferente, o que ni siquiera lo llevan, el ritmo apasionado de tu corazón. Es escribir, y sin darte cuenta, has creado poesía, un sencillo verso que encierra todas las emociones de un Viernes Santo. Es sentirse una pieza del entramado centenario de la Pasión, sabiendo, que lo que es hoy, fue ayer y será mañana, porque una multitud de gentes supieron traspasar la luminosa antorcha de la tradición. Que alguien que dijo ¡mi cristo!, le enseñó a otro decir ¡mi virgen!, y quien lloró de rodillas ante la soledad de María, le enseñó a otro a callar emocionado ante ese Cristo que en agonía, clama sus siete palabras. En Semana Santa, quien es maestro, es también alumno, quien sirve, también es servido, porque a imagen del Señor, todos los cofrades se hacen uno. Y al final, todos los corazones, laten al mismo impulso, y la oración, se convierte en la dulce fragancia de las flores que una humilde mujer deja a los pies de su cristo, o en el dolor, amargo y sentido, del cargador que sufre al llevar a su virgen o en los ojos vidriosos, que tantas cosas han visto y tantas semanas, que llamamos santas, del anciano que llora a su Nazareno por la pérdida de su amada.

Sea como sea, estos sentimientos u otros, se reflejan en dos años de La Pasión de Zamora. ¡Dos años! Parece mentira… Dos años de palabras, unas agradables y otras no tanto, de amores hechos palabras, de procesiones que nunca se guardan, de caperuces de naftalina, de cruces bien alzadas, en fin, un desfile que comenzó hace dos años y que todavía hoy sigue en las calles y en los corazones de muchos zamoranos.

Felicidades a todos, amigos y hermanos. Y gracias por la oportunidad.

* visitante y colaborador de La Pasión de Zamora



¿sabías que...

La Cruz de la Elevación dispone de una gran bisagra con el fin de que por su gran altura pudiera ser abatida y el grupo pudiera acceder de esta forma al interior de la panera de pasos que la cofradía poseía junto a la Iglesia de San Juan, hasta 1964 que se llevó al Museo.




2º puesto en los Premios Internet 2006 de la Junta de Castilla y León (Modalidad Iniciativa)





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Javier García Martín